En esencia, la familia es un
espacio de crecimiento, como lo define un especialista: “Un buen modo de
definir la familia es retomar la frase del filósofo español Rafael Alvira que
dice que la familia es el lugar al que se vuelve. Ese lugar no es físico, sino
es donde siempre somos esperados y amados, no por nuestros logros o por
nuestras cualidades, sino por ser quienes somos. Las crisis --en el caso de la
familia del futuro-- deben ser entendidas como una posibilidad de cambio, que
ofrece nuevas oportunidades a las personas y la sociedad.”(Álvaro Sierra,
médico y profesor del Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana.
Citado en el Diario El Tiempo. Colombia)
¿Qué lleva las familias a la crisis?
La crisis que vive hoy el núcleo
familiar gira alrededor del hecho de no valorar ese espacio y, además, no
prodigarles tiempo, el que se merecen. La solución entonces se orienta en dos
direcciones: La primera, evaluar qué significa para nosotros la familia, y la
segunda, comprometernos a pasar más tiempo en este espacio en donde podemos
edificar a partir del ejemplo, de vivenciar aquello que predicamos o los
principios y valores que profesamos. A nuestro cónyuge no solo hay que
proveerlos económicamente, sino también, con el tiempo. Viene a nuestra memoria
lo que enseña el apóstol Pablo: “Pero si alguno no provee para los suyos, y
especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un
incrédulo.”(1 Timoteo 5:8. Biblia de Las Américas)
El autor y conferencista, Todd
Duncan, escribe: “Trabajar no es vivir. El dinero es vida primero, y dinero
después. Más trabajo suele significar menos vida; menos trabajo, más
productividad y eficiencia, suelen significar más vida. La forma en que utilizo
mi tiempo importa profundamente e impacta mi auto estima, mi identidad y mi
realización.”(Todd Duncan. “La trampa del tiempo”. Grupo Nelson. 2004. EE.UU.
Pg. 29)
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