La fuerza interna para perdonar proviene de Dios
1. Lectura Bíblica: Salmo 84:11, 12; Mateo 18:21, 22
2. Meditación familiar:
Los seres humanos tienen actitudes que no podemos entender
fácilmente. Todas, sin duda, producto del pecado. Satanás utiliza a quienes están inmersos en una situación de
pecaminosidad para llevarles a los extremos. Domina sus pensamientos y sus
acciones, lo que sin duda ocurrió con su ex esposo.
Dios le ama a
usted y a su familia, pero como en el caso del sabio y paciente Job,
circunstancias totalmente ajenas a su voluntad, buscaron robarle la paz.
Dios comprende su
deseo de servirle y serle fiel. La Biblia anota que “...sol y escudo es Jehová
Dios; Gracia y gloria dará Jehová, no quitará el bien a los que andan en
integridad. Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía”(Salmo
84:11, 12)
Él quiere lo
mejor para nosotros, pero insisto, hay quienes movidos por la maldad, ponen
tropiezo a los planes divinos.
Hay un incidente
que arroja luces a este respecto y que leemos en el evangelio de Marcos: “Y comenzó
a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser
desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas,
y ser muerto, y resucitar después de tres días. Esto les decía claramente.
Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó
a reconvenirle. Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a
Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mi, Satanás! Porque no pones la mira en
las cosas de Dios, sino en las de los hombres.”(Marcos 8:31-33. Cf. Lucas 22:3,
4)
Satanás está a la
zaga. Busca el más mínimo descuido para
atacar a creyentes fieles, como sin duda lo es usted.
Es apenas
comprensible que perdonar cuando hemos sido duramente ofendidos por nuestro
cónyuge o alguien muy cercano—no es fácil. Solamente Dios puede colocar en
nosotros esa capacidad de perdonar, aún a aquellos que deliberadamente nos
están causando dolor y daño físico.
En la
Biblialeemos una escena dramática que trae enseñanzas prácticas para nosotros hoy.
Tras haber sido hallado culpable de predicar el evangelio de Jesucristo,
Esteban –uno de los diáconos del primer siglo—fue condenado a morir apedreado.
“Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus
ropas a los pies de un joven llamado Saulo. Y apedreaban a Esteban, mientras él
invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó
a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto,
durmió”(Hechos 7:58-60).
¿Quién pudo
concederle esa capacidad de perdonar a quienes estaban lacerando su cuerpo con
piedras? Dios. Él es quien nos ofrece esa hermosa posibilidad, y no solo
posibilidad sino poder para hacerlo.
El texto nos
enseña que la voluntad divina es que en nosotros haya perdón, como a su vez lo
enseñó el Señor Jesucristo: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor,
¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mi?¿Hasta siete? Jesús
le dijo: No te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete”(Mateo
18:21, 22)
¿Sólo pudieron
algunos perdonar? En absoluto. Todos tenemos—con ayuda de Dios—ese poder. El
apóstol Pablo escribió: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”(Filipenses
4:13)
Sométase a Dios.
Entréguele esa situación que trae dolor a su corazón. Debe quedar sepultada en
el pasado. El presente y el mañana están delante de usted. La única forma de
disfrutar lo que resta por vivir, sin rencores, es involucrando a Dios en el
problema. El perdón es necesario, y Él con su divino poder le abrirá las
puertas para perdonar.
Si no ha recibido a Jesucristo en su corazón, hoy es el día para
que lo haga. Puedo asegurarle que no se arrepentirá. Prendidos de la mano de
Jesucristo llegamos siempre a nuevos niveles de crecimiento personal y
espiritual. Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo. No se
arrepentirá.
3. Oración familiar:
“Amado Dios, reconocemos que perdonar no es fácil, y menos en
nuestras fuerzas. Pedimos tu poder, tu fortaleza y tu sabiduría para que nos
permitas perdonar a los miembros de la familia con los que pudiéramos haber
tenido diferencias. Sabemos que esa capacidad de perdón no proviene de nuestro
interior porque quizá nos agobia el rencor o el resentimiento, pero que sí podemos
lograrlo si nos sometemos en tus manos. Te damos gracias por tu amor. Amén”
4. Una Meta familiar para hoy:
Pediré perdón a los miembros
de mi familia a quienes hubiere ofendido, y con ayuda de Dios, les perdonaré
sin importar cuál haya sido la ofensa
No hay comentarios:
Publicar un comentario