La respuesta es: SI.
Esta afirmativa ha sido motivo de polémicas y
discusiones desde que la misma iglesia existe, desde los tiempos de Jesús hasta
la actualidad. La diversidad de enseñanzas de doctrinas, mezcladas a las
verdades bíblicas, ha hecho que se pierda el sentido puro y verdadero de lo que
enseña y habla Dios en la Biblia.
¿Los demonios pueden
POSEER un cristiano?
La respuesta es: NO.
Un cristiano no puede ser poseído, porque “posesión”
significa: “ser dueño de”; y Jesucristo es el dueño (Señor) de todo cristiano,
no el diablo. 1º Corintios 6:18 dice: porque habéis sido comprados por precio.
En el Nuevo Testamento,
la palabra utilizada no era “posesión”, sino, “estar bajo la influencia de un
demonio”, o, “tener un demonio afligiéndole”. Los demonios están en el cuerpo
del cristiano, tal como cualquier enfermedad; también pueden estar en su alma,
pero no en su espíritu.
La enseñanza bíblica dice que: debemos
crucificar la carne, y echar fuera los demonios. Muchas veces los ministros
hacen lo contrario: tratan de echar fuera la carne, y crucificar los demonios.
Algunos ministros no entienden la rebeldía o la terquedad en los discípulos, y
tratan de “discipular un demonio”, en un cristiano que no quiere ser
discipulado. Este tipo de confusión y falta de discernimiento en los que
ministran, sólo causa frustración y heridas en las personas que buscan ayuda.
DIOS, LA BIBLIA Y LOS DEMONIOS.
Cuando hablamos que los demonios y Dios
cohabitan en el cuerpo de una persona, muchos cristianos lo reciben con asombro
e incredulidad, rebatiendo tal afirmación, negándose a recibir esta verdad. No existe en toda la escritura un versículo
exacto, o específico, que afirme esta verdad.
Esta afirmativa se recibe únicamente por el
conocimiento del contexto bíblico, que nos lleva a una interpretación y
conclusión, sobre lo que Dios testifica y enseña.
Los cuatro Evangelios muestran la obra y el
testimonio de Jesús. En ellos aprendemos muchas verdades de cómo es la
actividad satánica, en los incrédulos y en los creyentes.
Asimismo, aprendemos del testimonio de la
iglesia primitiva, en el libro de los Hechos, y en las cartas de los Apóstoles,
que componen el Nuevo Testamento.
Cuando nos enfrentamos a
los demonios en nuestras iglesias, debemos actuar conforme el ejemplo bíblico
de Jesús, los discípulos, y los apóstoles.
La Biblia es un libro espiritual, y debe
estudiarse en contexto y con la guía del Espíritu Santo, esto significa que se
ha de entender y discernir espiritualmente.
LA CONDICIÓN TRIPARTITA
DEL HOMBRE.
Génesis 2:7.
Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo
de la tierra (cuerpo), y sopló en su nariz aliento de vida (espíritu), y fue el
hombre un ser viviente (alma).
1º Juan 5:7.
Porque tres son los que dan testimonio en el
cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo;
y estos tres son uno.
El hombre también está
formado por una trinidad, y estas partes son: ESPÍRITU, ALMA, y CUERPO.
1º Tesalonicenses 5:23.
Y el mismo Dios de paz os santifique por
completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado
irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Asimismo, Jesucristo
tiene un ministerio tripartito, para suplir la necesidad tripartita del hombre:
SALVACIÓN, LIBERACIÓN, y SANACIÓN. Todos están en perfecta armonía y
relacionados entre sí.
LOS DEMONIOS Y LA
TRINIDAD.
Sabemos por experiencia y por relatos bíblicos
que:
1º la persona debe creer en Jesús y recibirlo
en su vida como Señor y Salvador.
2º la persona es sometida a un proceso de
liberación de los demonios.
Eso quiere decir que:
cuando el Espíritu Santo entra a una persona,
todos o casi todos los demonios que ella tiene, aun están ahí; y eso no debería
ser asombroso para nadie, pues todos tienen demonios, antes de conocer a Jesús
y recibirlo como Señor y Salvador.
Donde está el Espíritu
Santo? En la parte mas íntima del hombre, en su espíritu.
Donde están los demonios? En su alma y en su
cuerpo.
Desde ese momento que se cree y recibe a
Jesús, el Espíritu Santo comienza a hacer una obra de limpieza y purificación
en la persona, desde dentro hacia fuera. Primero su ESPÍRITU, luego su ALMA, y
luego su CUERPO.
LA REGENERACIÓN DEL
ESPÍRITU Y EL NUEVO NACIMIENTO.
El nuevo nacimiento, o
la regeneración del espíritu, es solamente el primer paso del camino cristiano;
esto es la entrada por la puerta estrecha de la Salvación. Ahora el cristiano
renacido, o regenerado, debe continuar por ese camino, en busca de la libertad
completa de su Alma y de su Cuerpo. Hay que empezar a limpiar, purificar, echar
fuera todo lo que no sirve, todo lo que estorba el crecimiento espiritual como
cristianos. Es decir, sacar los demonios y toda la basura que ellos hicieron y
dejaron en la persona.
Cuando la persona recibe la SALVACIÓN, el Espíritu de Dios entra en
contacto con el espíritu del hombre, y lo libera quitando de ahí toda atadura y
presencia de tinieblas.
Automáticamente se
sueltan y salen los demonios que aprisionaban ese espíritu del hombre. La
libertad de Dios se hace en el nivel espiritual del hombre, primeramente en su
espíritu, y desde ahí comienza a surgir un entendimiento de las cosas
espirituales y un deseo de crecer espiritualmente.
Se
regenera la vida espiritual, se nace de nuevo, se libera el espíritu
encarcelado. El Espíritu Santo se instala dentro del hombre y hace morada en
él. Es cuando renacemos, es el momento de recibir la
vida nueva, recibimos la Presencia de Dios en nuestro ser. Ya no hay posesión
demoníaca, ahora hay un proceso de alcanzar la llenura o plenitud del Espíritu
Santo, que es la Presencia de Dios en todo nuestro ser: en nuestro Cuerpo, en
nuestra Alma y en nuestro Espíritu.
JESÚS PURIFICA EL TEMPLO.
San Juan 2:13 a 22.
Estaba cerca la pascua
de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén,
y halló en el templo a los que vendían bueyes,
ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.
Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del
templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los
cambistas, y volcó las mesas;
y dijo a los que vendían palomas: Quitad de
aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.
Entonces se acordaron
sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.
Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué
señal nos muestras, ya que haces esto?
Respondió Jesús y les dijo: Destruid este
templo, y en tres días lo levantaré.
Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis
años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?
Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
Por tanto, cuando resucitó de entre los
muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la
Escritura y la palabra que Jesús había dicho. Amén.
Considero que todos los que leen este estudio,
son cristianos, y conocen el relato bíblico de cuando Jesús llega a Jerusalén y
entra al Templo. Él tuvo que ser severo en su actitud, hacerse un látigo de
cuerdas y echar fuera violentamente los mercaderes que se habían instalado en
aquel lugar. Los mercaderes estaban en los atrios de afuera del Templo, entretanto
que la presencia de Dios estaba dentro del Templo, en el Lugar Santísimo.
Los pastores y maestros entendidos en la
espiritualidad de Dios, siempre usan este relato para la enseñanza sobre la
condición tripartita del hombre: espíritu, alma, y cuerpo; y la obra del
ministerio de Liberación de Jesucristo.
Al hombre se le compara con el Templo de Dios.
Dice el Apóstol San Pablo, en la Santa Biblia, en 2º Corintios 6:16: Somos
templo del Espíritu Santo.
Examinemos la
comparación e interpretación de estos tres elementos: Cuerpo, Alma y Espíritu;
refiriéndose al hombre como Templo de Dios.
1- CUERPO: es la parte
más EXTERIOR del Templo, que son los atrios de afuera, donde estaban instalados
los mercaderes. Esto es la carnalidad, el materialismo, lo mundano, lo impuro.
2- ALMA: es la parte
CENTRAL del Templo, es donde se reúne el pueblo. El lugar del pueblo en el
Templo, representa la parte del Ser Viviente, el Alma. Es el lugar donde se
manifiesta todo lo que somos: nuestro carácter, personalidad, decisiones,
sentimientos, emociones, pensamientos, deseos, etc. El alma es el lugar donde percibimos todo lo
que nos afecta desde dentro (en lo espiritual), y desde fuera (en lo carnal).
Según el relato bíblico de San Juan 2:13 a 22,
todos estaban ahí en el templo, los mercaderes, el pueblo, Jesús, la Presencia
de Dios. Todos al mismo tiempo, pero no todos en el mismo lugar.
Lo mismo sucede con
nuestro espíritu, los demonios y el Espíritu Santo: están todos en el hombre
pero no en el mismo lugar.
Jesús (el Espíritu Santo en el espíritu del
hombre), es quien echa fuera los demonios (mercaderes), que pervierten el alma
y contaminan el cuerpo del hombre, que son Templo de Dios.
Esto es un relato de enseñanza absolutamente
espiritual, pero quien lo lee sin el discernimiento del Espíritu Santo,
solamente verá la parte física de la historia, no entienden y no recuerdan que
la Biblia habla con metáforas y Jesús habla por parábolas.
La Biblia dice que Dios
ama al pecador pero aborrece el pecado, que él nos dio vida cuando aún éramos
enemigos suyos (Romanos 5:8 a 10): así que primero están los demonios, después
llega Dios, luego Jesucristo actúa, y entonces salen los demonios.
LOS DEMONIOS Y LOS
CRISTIANOS.
Una vez que recibimos estas verdades tan
básicas y al mismo tiempo tan escondidas, pero que están ahí para el que pueda
ver, comenzamos a darnos cuenta y entender por qué hay muchos cristianos que
están sirviendo y ministrando al Señor, y al mismo tiempo necesitan liberación
o santificación. Muchos cristianos comienzan su caminar y servicio en el
ministerio, sin hacer una debida limpieza en su vida, ni ordenar su situación
espiritual.
Muchos tienen pecados,
muchos actúan de manera carnal, muchos viven en tristeza y desánimo, muchos se
divorcian, se suicidan, cometen delitos contra su prójimo, otros tantos fuman,
fornican, roban, mienten, golpean sus mujeres, se deleitan en programas de
escándalos y pornografía, fácilmente escuchan y entonan canciones de la radio
con música del mundo envés de cantar alabanzas a Dios, practican idolatría con
personajes famosos, miran programas de tv llenos de violencia y sexo, están
llenos de enfermedades muchas son crónicas, se consumen en la venganza, albergan
odios y amarguras por años, etc.
La liberación es necesaria en todos los casos,
en distintos grados pero siempre es una realidad. La santificación también es
algo que todo cristiano tendrá que experimentar y que cambiará su vida en todas
las áreas. A veces los culpables son los ministros que no saben o no entienden
lo que deben hacer, otros están sujetos a falsas doctrinas, otras veces el
propio cristiano disimula su condición de esclavitud espiritual por temor o
vergüenza; éste se transforma en un hipócrita, en un falso, diciendo y
fingiendo que sirve a Dios de todo su corazón, pero está engañando a todos. En
la esclavitud no hay bendición, sólo condenación.
En Ezequiel 18:32 está
escrito así: Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor;
convertíos, pues, y viviréis. Amén.
Por mucho pecado que cometa una
persona, Dios siempre está dispuesto a la reconciliación y la restauración.Depende del hombre
arrepentirse, cambiar su actitud y volverse a Dios, o no.
EL ESPIRITU INMUNDO QUE
VUELVE.
San Lucas 11:24 a 26.
Cuando una persona se limpia de los demonios y
de las consecuencias del pecado, y luego no se llena de Dios y de su Palabra
correctamente, estará corriendo el riesgo de debilitarse espiritualmente, y
será una presa fácil a los demonios otra vez. Ellos volverán a ocupar el hombre
contaminando su vida con más intensidad, hasta lograr que el Espíritu de Dios
se aleje y se vaya del todo, esto es cuando contristamos el Espíritu Santo,
porque le damos lugar al pecado deliberadamente.
Todo
pecado es perdonado por Dios, dice Jesús, pero la blasfemia contra el Espíritu
Santo no le será perdonada (San Mateo 12:31). Cuando una persona que conoció a Dios pierde el respeto a
Dios, la iglesia, la santidad, la Biblia, los hermanos, todo lo que tiene que
ver con Dios... al punto de burlarse, es porque su alma ya se alejó de Dios,
perdió totalmente su temor de Dios, todo lo que queda es la aceptación al
pecado, su espíritu vuelve a estar encarcelado por los demonios y las
tinieblas, desechó a Dios al punto que su presencia se retiró de él. Esta
persona ha desechado la gracia y la salvación, prefirió las tinieblas a la luz,
ya no hay más restauración para él porque también Dios lo ha desechado (San
Juan 3:19).
SEAN SANTOS PORQUE YO
SOY SANTO (1 Pedro 1:13-16)
Para que un cristiano
alcance una vida llena de Espíritu Santo y vacía de demonios, deberá colaborar
con el Espíritu Santo en hacer ese mismo trabajo que hizo Jesús en el templo:
enojarse contra el pecado y los demonios, resistirlos y echar fuera todo lo que
no sirve!!!!
Debemos arrepentirnos delante de Dios de todas
las cosas equivocadas que consentíamos, renunciar a todo lo que es pecado y del
pecado, limpiarnos. Este proceso se llama SANTIFICACIÓN que es la purificación
de nuestras vidas.
Dios dice "sean santos porque yo soy
santo". En este versículo la palabra SANTOS no es "apartados,
separados para Dios" sino específicamente "limpios, puros, sin
pecado" tal como es Dios. El proceso de Liberación y Santificación puede
llevar poco o mucho tiempo, pero nunca es instantáneo. Aún el mejor de los
milagros, necesita tener un seguimiento para que la persona no recaiga, no se
debilite, no sea engañada y vuelva atrás.
LA NUEVA VIDA EN CRISTO
(Efesios 4:17-32)
Como ya hablamos, ambas naturalezas
espirituales (Espíritu Santo y demonios) no pueden ocupar un mismo espacio,
entonces sacamos las tinieblas y el Espíritu Santo lo va llenando todo:
espíritu, alma, cuerpo. A medida que vamos echando fuera los demonios nos vamos
limpiando del pecado, y más nos vamos llenando de Espíritu Santo.
Necesitamos CONVICCIÓN
DE PECADO (San Juan 16:5-8) para poder reconocer dónde está el pecado y
DISCERNIMIENTO DE ESPIRITUS (1 Corintios 12:10) para saber cual demonio lo está
causando. Entonces estaremos en condición de aborrecerlo, enfrentarlo y
sacarlo.
LA SANA DOCTRINA (Tito
2:11-14)
Después que el cristiano logra ser libre de
todos esos demonios que lo contaminaban, debe seguir en el proceso de limpiar
la basura espiritual que ellos dejaron. Es cuando comenzamos a conocer mas
profundamente la Biblia, la estudiamos y practicamos sus mandamientos,
comenzamos a dar los frutos del Espíritu Santo y vamos dejando atrás los vicios
y malos hábitos que el pecado había causado.
Comenzamos a caminar en la vida nueva y
abundante que Dios nos da. Este es el camino es el que nos lleva al cielo, a la eternidad.
Porque "sin santidad, nadie verá a Dios". (Hebreos 12:14)
Dios nos bendiga a todos.
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