jueves, 14 de mayo de 2015

No sea culpable de contaminar su familia y territorio

Las cosas comenzaron a salir mal. Su negocio, inexplicablemente, inició un proceso de declive difícil de parar. Él mismo estaba desesperado y no encontraba salidas al callejón en el que se encontraba. Su esposa compartía la angustia de Juan Carlos cuando llegaba a casa, sin deseos de hablar, ensimismado en hacer cuentas y cuentas, sumando, restando, dividiendo y acompañando cada operación matemática con suspiros que podrían escucharse a distancia.








Las Escrituras enseñan que si nos involucramos

en ocultismo, acarreamos maldición para

nuestra vida y la de nuestras familias...




--No quieres decirlo—intervino ella una noche--, pero tengo la sensación de que estamos a las puertas de la quiebra--.


Él se quedó mirándola unos instantes. Meditó en la realidad del momento que atravesaban. El panorama lucía ensombrecido, como pudo comprobarlo tras hacer un rápido cálculo de las deudas y la caída en las ventas.


--Sí… estamos en la ruina—le dijo con la sensación de derrota que ella conocía bien en su esposo.


La situación empeoró. Al comienzo consultó con brujas y cuanto ocultista le recomendaban, y antes que mejorar, la crisis se agudizó.


Sólo pudo encontrar una salida al laberinto, cuando volvió su mirada a Dios. No lo hizo por convencimiento, sino por desesperación. No había forma de resolver sus problemas, tenía muchas deudas y, dos hipotecas que pesaban sobre las propiedades. Y con desesperación le pidió ayuda al Señor.


Un proceso que tomó tiempo. El Padre celestial lo llevó a revisar su existencia. Muy a pesar suyo debió admitir que era deshonesto, que no era fiel a su esposa y que, además, en la loca carrera por posicionarse en el mercado, arrasó con otros comerciantes. Corregir esos errores, con ayuda de Dios, y renunciar a toda puerta abierta al ocultismo, fueron el comienzo de una nueva vida, y a la vez, del mejoramiento progresivo del clima económico.


Hoy, en su condición de cristiano comprometido, está atravesando por un muy buen momento, y reconoce abiertamente que su vida desordenada, trajo contaminación no sólo a su familia sino a los negocios…


Los alcances de nuestra contaminación









Superar dificultades y recibir bendiciones

no solo para nosotros sino para nuestras

familias es posible cuando caminamos junto a

Dios...


Cuando se producen hechos inexplicables, como el incremento de la violencia en determinada región, el crecimiento de fenómenos como la drogadicción, la prostitución, la perversión sexual en sus diferentes manifestaciones, un aumento de la accidentalidad o el hecho de que la tasa de suicidios se dispare, obedecen a dos factores: el primero, de carácter sociológico: la falta de principios y valores, y el segundo, de carácter espiritual: el gobierno que ejerce el mundo de las tinieblas en naciones, provincias, ciudades y sectores urbanos o rurales.


La Biblia enseña que el pecado del género humano, y su participación en hechos abominables, contramina la tierra y acarrea maldición: “Cargos del Señor contra Israel: ¡Escucha la palabra del Señor, oh pueblo de Israel! El Señor ha presentado cargos en tu contra, diciendo: «No hay fidelidad, ni bondad ni conocimiento de Dios en tu tierra. Haces votos y los rompes; matas, robas y cometes adulterio. Hay violencia en todas partes; un asesinato tras otro.”(Oseas 4.1, 2. Nueva Traducción Viviente)


Le invito a leer cuidadosamente el texto. Hágalo con detenimiento. Encontrará que la falta de fidelidad o distanciamiento de Dios, causar daño  a los demás, la deshonestidad, la infidelidad conyugal y las relaciones inmorales, desencadenan consecuencias. Afectan nuestra vida física y moral y las consecuencias que se desatan, terminan ejerciendo influencia en los espacios en los que nos desenvolvemos: el hogar, el lugar de trabajo, la iglesia y las áreas geográficas que constituyen nuestro radio de acción.


Nuestra contaminación afecta la tierra


La ruina es una consecuencia de la contaminación física y espiritual del género humano, a lo que está ligada la descomposición social, la accidentalidad, la violencia, y las ataduras a drogas, alcohol y otras manifestaciones de “encarcelamiento” espiritual.


Al respecto el profeta fue claro al instruir a Israel y a nosotros, de parte de Dios, lo siguiente: “Por eso la tierra está de luto y todos desfallecen. Hasta los animales salvajes y las aves de los cielos y los peces del mar desaparecen.”(Oseas 4.3. Nueva Traducción Viviente)


Probablemente está atravesando una situación difícil. No consigue empleo. Todo proyecto que emprende termina en fracaso. La situación al interior del hogar se convirtió en un infierno. Usted mismo experimenta desasosiego, desánimo y la sensación de que nada saldrá bien.


¿Qué hacer cuando nuestra contaminación afecta la vida de quienes se encuentran alrededor y de la tierra que habitamos? El paso esencial es reconocer el error  y volvernos a Dios: “¡No señales a otro para echarle la culpa! ¡Mi queja, sacerdotes,  es con ustedes!”(Oseas 4:4. Nueva Traducción Viviente)


No, no podemos atribuirles a los demás las consecuencias que enfrentamos por nuestros errores. Es necesario—insisto—que reconozcamos  nuestra responsabilidad y revisar en qué podemos estar fallando. Una vez identificamos la raíz de la situación que enfrentamos hoy, es necesario arrepentirnos, pedir perdón a Dios, y volvernos a Él, caminando en Su voluntad.


Puedo asegurarle que la misericordia del Padre celestial está a su disposición; no solo ahora, sino siempre. Él desea lo mejor de lo mejor para usted y para los suyos. La decisión está en sus manos: volver su mirada a Aquél que todo lo puede y, andar en Sus caminos. La Biblia enseña que, al ser hijos de Dios, Él nos bendice rica y abundantemente. ¡Hoy es el día para cambiar el curso de su historia!


A propósito, ¿ya recibió a Jesucristo como  Señor y Salvador? No deje pasar la oportunidad. Ábrale las puertas de su corazón. El Señor transformará su existencia y lo llevará a nuevos niveles de crecimiento personal y espiritual, aquellos que por tanto tiempo anheló.


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