Las
cosas comenzaron a salir mal. Su negocio, inexplicablemente, inició un proceso
de declive difícil de parar. Él mismo estaba desesperado y no encontraba
salidas al callejón en el que se encontraba. Su esposa compartía la angustia de
Juan Carlos cuando llegaba a casa, sin deseos de hablar, ensimismado en hacer
cuentas y cuentas, sumando, restando, dividiendo y acompañando cada operación
matemática con suspiros que podrían escucharse a distancia.
Las
Escrituras enseñan que si nos involucramos
en
ocultismo, acarreamos maldición para
nuestra
vida y la de nuestras familias...
--No
quieres decirlo—intervino ella una noche--, pero tengo la sensación de que
estamos a las puertas de la quiebra--.
Él
se quedó mirándola unos instantes. Meditó en la realidad del momento que
atravesaban. El panorama lucía ensombrecido, como pudo comprobarlo tras hacer
un rápido cálculo de las deudas y la caída en las ventas.
--Sí…
estamos en la ruina—le dijo con la sensación de derrota que ella conocía bien
en su esposo.
La
situación empeoró. Al comienzo consultó con brujas y cuanto ocultista le
recomendaban, y antes que mejorar, la crisis se agudizó.
Sólo
pudo encontrar una salida al laberinto, cuando volvió su mirada a Dios. No lo
hizo por convencimiento, sino por desesperación. No había forma de resolver sus
problemas, tenía muchas deudas y, dos hipotecas que pesaban sobre las
propiedades. Y con desesperación le pidió ayuda al Señor.
Un
proceso que tomó tiempo. El Padre celestial lo llevó a revisar su existencia.
Muy a pesar suyo debió admitir que era deshonesto, que no era fiel a su esposa
y que, además, en la loca carrera por posicionarse en el mercado, arrasó con
otros comerciantes. Corregir esos errores, con ayuda de Dios, y renunciar a
toda puerta abierta al ocultismo, fueron el comienzo de una nueva vida, y a la
vez, del mejoramiento progresivo del clima económico.
Hoy,
en su condición de cristiano comprometido, está atravesando por un muy buen
momento, y reconoce abiertamente que su vida desordenada, trajo contaminación
no sólo a su familia sino a los negocios…
Los
alcances de nuestra contaminación
Superar
dificultades y recibir bendiciones
no
solo para nosotros sino para nuestras
familias
es posible cuando caminamos junto a
Dios...
Cuando
se producen hechos inexplicables, como el incremento de la violencia en
determinada región, el crecimiento de fenómenos como la drogadicción, la
prostitución, la perversión sexual en sus diferentes manifestaciones, un
aumento de la accidentalidad o el hecho de que la tasa de suicidios se dispare,
obedecen a dos factores: el primero, de carácter sociológico: la falta de
principios y valores, y el segundo, de carácter espiritual: el gobierno que
ejerce el mundo de las tinieblas en naciones, provincias, ciudades y sectores
urbanos o rurales.
La
Biblia enseña que el pecado del género humano, y su participación en hechos
abominables, contramina la tierra y acarrea maldición: “Cargos del Señor contra
Israel: ¡Escucha la palabra del Señor, oh pueblo de Israel! El Señor ha
presentado cargos en tu contra, diciendo: «No hay fidelidad, ni bondad ni
conocimiento de Dios en tu tierra. Haces votos y los rompes; matas, robas y
cometes adulterio. Hay violencia en todas partes; un asesinato tras otro.”(Oseas
4.1, 2. Nueva Traducción Viviente)
Le
invito a leer cuidadosamente el texto. Hágalo con detenimiento. Encontrará que
la falta de fidelidad o distanciamiento de Dios, causar daño a los demás, la deshonestidad, la infidelidad
conyugal y las relaciones inmorales, desencadenan consecuencias. Afectan
nuestra vida física y moral y las consecuencias que se desatan, terminan
ejerciendo influencia en los espacios en los que nos desenvolvemos: el hogar,
el lugar de trabajo, la iglesia y las áreas geográficas que constituyen nuestro
radio de acción.
Nuestra
contaminación afecta la tierra
La
ruina es una consecuencia de la contaminación física y espiritual del género
humano, a lo que está ligada la descomposición social, la accidentalidad, la
violencia, y las ataduras a drogas, alcohol y otras manifestaciones de
“encarcelamiento” espiritual.
Al
respecto el profeta fue claro al instruir a Israel y a nosotros, de parte de
Dios, lo siguiente: “Por eso la tierra está de luto y todos desfallecen. Hasta
los animales salvajes y las aves de los cielos y los peces del mar
desaparecen.”(Oseas 4.3. Nueva Traducción Viviente)
Probablemente
está atravesando una situación difícil. No consigue empleo. Todo proyecto que
emprende termina en fracaso. La situación al interior del hogar se convirtió en
un infierno. Usted mismo experimenta desasosiego, desánimo y la sensación de
que nada saldrá bien.
¿Qué
hacer cuando nuestra contaminación afecta la vida de quienes se encuentran
alrededor y de la tierra que habitamos? El paso esencial es reconocer el
error y volvernos a Dios: “¡No señales a
otro para echarle la culpa! ¡Mi queja, sacerdotes, es con ustedes!”(Oseas 4:4. Nueva Traducción
Viviente)
No,
no podemos atribuirles a los demás las consecuencias que enfrentamos por
nuestros errores. Es necesario—insisto—que reconozcamos nuestra responsabilidad y revisar en qué
podemos estar fallando. Una vez identificamos la raíz de la situación que
enfrentamos hoy, es necesario arrepentirnos, pedir perdón a Dios, y volvernos a
Él, caminando en Su voluntad.
Puedo
asegurarle que la misericordia del Padre celestial está a su disposición; no
solo ahora, sino siempre. Él desea lo mejor de lo mejor para usted y para los
suyos. La decisión está en sus manos: volver su mirada a Aquél que todo lo
puede y, andar en Sus caminos. La Biblia enseña que, al ser hijos de Dios, Él
nos bendice rica y abundantemente. ¡Hoy es el día para cambiar el curso de su
historia!
A
propósito, ¿ya recibió a Jesucristo como
Señor y Salvador? No deje pasar la oportunidad. Ábrale las puertas de su
corazón. El Señor transformará su existencia y lo llevará a nuevos niveles de
crecimiento personal y espiritual, aquellos que por tanto tiempo anheló.
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