El día que Laura dijo que, según la Biblia,
los cristianos tenían autoridad sobre el mundo de las tinieblas, su compañera
del grupo de oración la llamó aparte y la invitó a no seguir hablando de esos
temas. “No podemos creer lo que andan diciendo muchos por ahí—le explicó--.
Nuestra denominación no anda persiguiendo demonios, así es que no te metas en
esa dirección”
Dos días después la llamó el pastor. Su voz
sonaba ceremoniosa, excesivamente lenta, como midiendo cada una de sus
palabras. “Leonor, creo que lo mejor es que deje de estar leyendo esos libros
que me han dicho, consulta con frecuencia, y de ver tanto programa de
televisión orientado por fanáticos”, le dijo.
Sin embargo, cada vez que iba a la Biblia
se encontraba con un tema recurrente: la liberación de los endemoniados y la
sanidad de los enfermos. Subrayó en su ejemplar de las Escrituras todas las
escrituras que hablaban sobre el particular. Día a día se iba convenciendo más.
Y su gran oportunidad vino cuando visitó a
una vecina en el hospital. La mujer estaba gravemente enferma. Había consultado
médicos y como no lograron identificarle una dolencia específica, fue donde un
brujo que le recomendó unas aguas de colores, envasadas en botellas de cristal.
Leonor oró por ella y, horas después, el médico le dio de alta.
Cierto día cuando enseguida de su
apartamento se libraba una batalla campal en una pareja de jóvenes esposos,
ella oró desde su habitación y pronto la calma reinó entre los vecinos.
¡Comprobó la realidad de la autoridad
espiritual! Y la sigue poniendo en práctica. Hoy forma parte de un ministerio
de oración, intercesión y liberación. ¡Dios responde con poder a su clamor!
¿Estás ejerciendo la autoridad de Cristo en
su vida?
La batalla contra el mundo de las tinieblas
es real. No es una invención evangélica sino tangible. La podemos apreciar en
todo cuanto ocurre. Y el propósito de Satanás y de sus huestes es generar
ataques permanentes contra los creyentes (1 Pedro 5:8).
Un reconocido teólogo, el doctor Scofield,
asegura que “Después de la caída del hombre, Satanás comenzó su larga lucha
contra la obra que Dios realiza a favor de la humanidad, lucha que aún continúa
en nuestros días…”(Biblia Anotada de Estudio Scofield. Publicaciones Españolas.
1994. Nota a Apocalipsis 20:10. Pg. 1307)
Ahora, ¿qué debemos hacer? Ni siquiera
pensar en asumir una posición pasiva, sino activa, confrontando al mundo
diabólico (Cf. Santiago 4:7). Y para lograrlo eficazmente, debemos hacer acopio
de nuestra autoridad espiritual.
Le invito para que leamos un pasaje
revelador del Evangelio cuando un nutrido grupo de discípulos de Jesús
regresaban tras cumplir su misión: “Cuando los setenta y dos discípulos
regresaron, le informaron llenos de alegría: —¡Señor, hasta los demonios nos
obedecen cuando usamos tu nombre! —Sí
—les dijo—. Vi a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren, les he dado
autoridad sobre todos los poderes del enemigo; pueden caminar entre serpientes
y escorpiones y aplastarlos. Nada les hará daño.”(Lucas 10:17-19. Nueva
Traducción Viviente)
Los servidores del amado Maestro estaban
felices de conmover el mundo de las tinieblas en el Nombre de Jesús. Y Él les
advirtió que mientras que ellos estaban predicando, Satanás estaba librando
contra ellos, tremendos ataques.
Igual con usted y conmigo como guerreros
espirituales. Enfrentamos ataques del mundo de las tinieblas. No es algo
esporádico sino permanente; esa es la razón por la que debemos mantenernos en
intimidad con Dios en oración.
Un segundo aspecto relevante: Jesús les
dijo que ellos—y por ende nosotros hoy—tenemos autoridad espiritual para
confrontar y vencer sobre el mundo de las tinieblas. Es algo maravilloso porque
el poder divino está con nosotros.
¿Autoridad de Dios o de los hombres?
Curiosamente los primeros cristianos
dependían enteramente de Cristo en el desarrollo de su ministerio; hoy,
dependemos de los títulos y de la experiencia que se deriva de los libros. El
problema radica en que el conocimiento intelectual no tiene poder contra el
mundo de las tinieblas sino la autoridad que se deriva de nuestra dependencia
del Señor Jesús. Él es quien nos asegura la victoria en la lucha contra Satanás
y sus huestes.
Dependiendo de Cristo, reconociendo que
Él es nuestro capitán, no hay obstáculo
físico ni espiritual que nos impida
avanzar...
En usted hay autoridad. Usted fue concebido
para vencer sobre las tinieblas y como tal, debe moverse: prendido de la mano
de Cristo porque Él es quien nos concede el poder.
¿Y cómo expulsamos los demonios? No hay un
Manual específico que –como si fuera el vademécum de un médico—nos diga qué
hacer en cada caso. No. Usted y yo expulsamos los demonios en el Nombre de
Jesucristo: “Cierto día, cuando íbamos al lugar de oración, nos encontramos con
una joven esclava que estaba poseída por un demonio. Era una adivina que ganaba
mucho dinero para sus amos. Ella seguía
a Pablo y también al resto de nosotros, gritando: «Estos hombres son siervos
del Dios Altísimo y han venido para decirles cómo ser salvos». Esto mismo sucedió
día tras día hasta que Pablo se exasperó de tal manera que se dio la vuelta y
le dijo al demonio que estaba dentro de la joven: «Te ordeno, en el nombre de
Jesucristo, que salgas de ella». Y al instante el demonio la dejó.”(Hechos
16:16-18. Nueva Traducción Viviente)
Observe que tras la aparente buena y
oportuna confesión del demonio sobre el poder que asistía a los discípulos, se
escondía la oposición del mundo de las tinieblas. Y Pablo lo entendió. Y en el
Nombre de Jesucristo, sin hacer mayor espaviento, echó fuera la entidad
demoníaca que estaba en la joven.
Si usted tiene que hacer ruido y gritería
procurando que un demonio deje libre a una persona, es porque no tiene o no
está ejerciendo la autoridad de Cristo en su vida. Recuerde que estamos
enfrentando un mundo de maldad bien articulado, y por tal motivo, es esencial
que tengamos y ejerzamos la autoridad (Lucas 11:18, 19)
Tenga presente que cuando militamos como
guerreros espirituales, enfrentamos los ataques de nuestro adversario
espiritual (Lucas 11:18; Cf. Efesios
2:2; Juan 14:30). No obstante tenemos asegurada la victoria porque en Cristo
tenemos autoridad espiritual (Lucas 10:19), para enfrentar y vencer sobre el
mundo de las tinieblas así como para ser protegidos de sus ataques.
Enfrentando la oposición
Ejercer la autoridad de Cristo, nuestro
amado Señor y Salvador, nos enfrentará a la oposición incluso de quienes
aseguran creer en Dios. ¿Recuerda al Señor Jesús? Las autoridades religiosas de
su época lo acusaban, y cuestionaban su autoridad espiritual: “Mientras Jesús
caminaba por la zona del templo, los principales sacerdotes, los maestros de la
ley religiosa y los ancianos se le acercaron. —¿Con qué autoridad haces todas
estas cosas? —le reclamaron—. ¿Quién te dio el derecho de hacerlas?... ”(Marcos
11:27-33. Nueva Traducción Viviente)
¿Enfrenta oposición?¿Le critican por estar
inmerso en la oración, intercesión y guerra espiritual? Es previsible. No se
sorprenda: Los guerreros espirituales se someten a sus pastores y autoridades
de la iglesia, pero al mismo tiempo: son sensibles a la voz de Dios para librar
las batallas.
A nuestro amado Salvador, el ejercer su
autoridad divina, le llevó a enfrentar las trampas de los líderes religiosos de
la época (Cf. Marcos 12:13-17), pero Él seguía firme en su ministerio. Él fue
enfático en decir que su autoridad—como la que nos confirió a usted y a
mí—proviene del Padre celestial: “Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: «Se
me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.”(Mateo 28:18)
No se desanime si lo atacan. Recuerde que
tales ataques provienen del mundo de las tinieblas que utiliza instrumentos
humanos para poner tropiezo contra el ministerio que el Señor Jesús nos ha
llamado a desarrollar.
¿Cómo mantenemos esa autoridad de Cristo en
nosotros? Nuestra autoridad se fundamenta en caminar de la mano del Señor
Jesucristo (Juan 15:5) y la autoridad permanece en la medida en que
permanecemos prendidos de la mano de Cristo.
La conferencista y autora internacional,
Doris Wagner señala que “En mi experiencia, he encontrado demonios de duda e
incredulidad y, aunque parezca mentira, están ligados frecuentemente a
espíritus religiosos tales como de legalismo, de idolatría, de religiones
falsas y masonería… La incredulidad realmente limita lo que Jesús quiere
hacer…” (Doris Wagner. “Cómo ministrar liberación”. Editorial Peniel.
Argentina. 2005. Pg. 23)
El enemigo querrá robarle autoridad
mediante la incredulidad; sin embargo, no ceda a la tentación. Tenga la firme
convicción de que la autoridad de Cristo está en su vida.
Estamos llamados a vencer. Tenga presente
–en todo momento—que como los primeros
discípulos, los guerreros espirituales predican el Evangelio, ministran sanidad
a los enfermos y liberación a los cautivos espirituales (Mateo 10:5-8).
No renuncie a su papel protagónico en la
guerra espiritual
Cada cristiano tiene un papel protagónico
en la extensión del Reino de Dios, que debe asumir. No podemos eludir esa
encomienda. No obstante, sabemos que es una tarea que enfrentará oposición del
mundo de las tinieblas.
Ante los ataques permanentes, de los que
debemos ser conscientes, es necesario que estemos dispuestos a resistir el
avance de Satanás y sus huestes. Lo hacemos en nuestra condición de guerreros
espirituales, que caminan diariamente prendidos de la mano del Señor Jesús.
Si libramos eficazmente la batalla contra
el reino de las tinieblas es gracias a la autoridad que nos dio el Señor Jesús
(Marcos 6:7), y como discípulos del
Señor Jesús cumplimos la misión de destruir las obras del diablo (1 Juan 3: 8).Amen.
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