Sí,
estaba molesto. Antes de salir de casa, en la mañana, rió con su esposa. “Otra
vez la cantaleta de siempre”, le dijo bruscamente cuando ella le reclamó que
por estar mirando el diario deportivo, no prestaba atención a su pregunta sobre
si el café estaba muy dulce. La mujer se puso más furiosa y le pidió respeto.
Rodrigo no esperó que terminara la concatenación de frases que salían
atropelladas de labios de su esposa, tomó el maletín y se fue hacia el trabajo.
Y allí estaba conduciendo rumbo a la oficina,
una mañana lluviosa en la que el tráfico estaba más pesado que nunca, y las
bocinas de los autos eran tan ensordecedoras que no permitían escuchar las
noticias en la radio.
“¿La
llamo o no la llamo?”, se preguntaba dos horas después, con la misma ansiedad
de quien deshoja margaritas en un parque. Finalmente se decidió. Marcó al
teléfono móvil de ella y, aunque lo admitió después, se le hizo un nudo en el
estómago porque no estaba acostumbrado, le pidió perdón. “Disculpa mi
descortesía de esta mañana. Fui grosero. Perdóname”, le dijo, y como un niño
que sale corriendo tras arrojar un balón en el jardín donde están las flores
hermosas de mamá, colgó el teléfono.
¿Le ha ocurrido? Sin duda que sí.
En algún momento hemos reconocido que fallamos, y admitir el error, debe
llevarnos a aplicar correctivos y a cambiar. Es lo que se espera de nosotros.
Comenzar de nuevo allí donde estábamos, cuando cometimos el error. Corregir,
cambiar, avanzar.
Haga un alto en el camino. Evalúe
en qué está fallando a nivel personal y familiar. Decídase a cambiar. Usted
puede. No hay nada que lo impida. Hoy es el día para tomar esa decisión,
valiosa y a la vez maravillosa.
El reconocido autor de temas de
motivación de liderazgo, Richard J. Leider, sintetiza el asunto con las
siguientes palabras: “Cuando comenzamos a mirar en nuestro mundo interior, nos
percatamos primero de que volver a empacar constituye una actitud crítica pero
edificante de la vida. Se trata de un proceso que debemos llevar a cabo una y
otra vez con el objeto de conservar un sentido de propósito y de dirección en
la vida, y con el de conducta que no solo no nos llevan donde queremos ir, sino
que de hecho nos impiden llegar adonde queremos llegar.”(Richard J. Leider.
“Vuelva a empacar sus maletas”. Mc Graw Hill. 2006. EE.UU. Pg. 7)
Siempre habrá oportunidad para
revisar nuestros errores y disponernos a cambiar. Comprendo que no es fácil,
pero es necesario. Luchar en nuestras fuerzas nos llevara al fracaso, pero no
ocurre lo mismo si dependemos de la fuerza que proviene de Dios. Él nos
transforma y nos lleva cada día a nuevos niveles. Puedo asegurarle que es un
camino irreversible hacia la victoria.
¿Fallaremos
de nuevo? Probablemente, pero podemos levantarnos y con ayuda de Dios,
reemprender el camino.
El apóstol Pablo nos anima con una
poderosa enseñanza contenida en la carta que dirigió a los creyentes de Roma en
el primer siglo: “Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están
en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al
Espíritu… Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los
muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los
muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu
que habita en vosotros.”(Romanos 8:1, 11. La Biblia de Las Américas)
No estamos solos. Dios está con
nosotros y nos lleva a la victoria, en el proceso que emprendemos de cambio y
mejoramiento diario.
Ahora, el primer paso comienza con
recibir a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Si no lo ha hecho lo animo
para que lo haga hoy. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo. Le puedo
asegurar que no se arrepentirá.
4.
Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:
a.
¿Con cuánta frecuencia evalúe qué errores ha cometido?
b.
¿Está dispuesto a experimentar cambios en su vida?
c.
¿Qué ha hecho para corregir errores y cambiar?
d.
¿Ha involucrado a Dios en su proceso de cambio y crecimiento?
e.
En adelante dependeré de Dios para experimentar cambios positivos en mi vida.
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