Los
problemas desatados por la depresión, asaltaron la vida de Helena por más de
doce años. Era una sucesión de crisis que la llevaron, en más de una ocasión, a
pensar en el suicidio. “La vida no tiene sentido”, solía repetir, presa de la
desesperanza.
Dios
nos creó para ser libres, y no hay razón
para que el enemigo nos mantenga cautivos
Acudió
primero a la sicología y, después, a siquiatras. No encontraba sosiego. Por
último una amiga de la familia le recomendó ir donde un chamán, que vivía en la
Calle Quintales, muy cerca del centro de la ciudad. “Tiene muchos aciertos”, le
dijo.
Las
aguas de colores que le prescribió el brujo, parecieron traerle tranquilidad en
los primeros días del tratamiento, pero después la situación se tornó
insostenible ya que no podía dormir en paz. Las pesadillas la despertaban, en
la mitad de la noche.
Helena
creía que iba a enloquecer. En las noches no conciliaba un sueño reparador por
miedo a las imágenes terroríficas que aparecían en los sueños, y de día –con infinidad
de personas que la rodeaban—se sentía asaltada por la soledad. La depresión
siempre tocaba a su puerta.
--¿Qué
me sacó de esta situación?—pregunta, y a renglón seguido da la respuesta--: El
Señor Jesucristo. Desesperada, me volví a Él. Oraba y esa paz que viene de Sus
manos poderosas, me invadía. Las depresiones son cosa del pasado, y si quieren
aparecer de nuevo, busco a Dios en oración. Ese es el remedio, eficaz y muy
económico--.
Helena
pudo regresar a su trabajo como profesionista. Su esposo y los dos hijos, hoy
adolescentes, han vuelto a experimentar paz en el hogar. ¡Dios lo hizo posible!
Una
lucha permanente
Quien
creyó que ser cristiano lo eximía de todo problema, está equivocado. Nuestro
adversario, Satanás, quiere poner tropiezo a nuestra vida para desencadenar
destrucción física y emocional (Cf. 1 Pedro 5:8; Juan 10:10 a.)
Hoy
es el día para ser libres por el poder
de Jesucristo en nuestras vidas...
Es
una pelea constante la que libramos contra el mundo de las tinieblas, y de la
cual nos advirtió el Señor Jesús: “Ahora vayan, y recuerden que los envío como
ovejas en medio de lobos.”(Lucas 10:3. Nueva Traducción Viviente) Es evidente
que, como ovejas, en ocasiones nos asiste el andar demasiado confiados, pero nuestro
amado Salvador nos advierte: ¡Cuidado!
El
autor cristiano, Chuck D. Pierce, nos recuerda que: “El propósito de Satanás es
interrumpir el plan de Dios, para que no tengamos vidas exitosas. El cualquiera
de las etapa de nuestras vidas el enemigo desearía bloquearnos para llevarnos
lo más lejos posible de Dios y sus propósitos. Si nos movelos lejos, el destino
que Dios tiene para nosotros no puede ser completado.”(Libro: “Cómo ministrar
liberación” - Chuck D. Pierce. “¿Cómo Satanás nos aparta del camino de Dios?”.
Editorial Peniel. Argentina. 2006. Pg. 43)
Las
huestes de maldad no descansan en su propósito de traernos problemas, de ahí
que es esencial que nos mantengamos alerta, prendidos siempre de la mano del
Señor Jesucristo. No podemos dejar que el enemigo tome ventaja.
Preparados
siempre para la batalla
Nuestro
amado Dios está siempre a nuestro lado. Nos acompaña en todo momento, como
escribe el salmista: “Pues el ángel del Señor es un guardián; rodea y defiende
a todos los que le temen.”(Salmo 34:7. Nueva Traducción Viviente)
Sin
embargo, Dios mismo a través del apóstol Pablo, nos llamó a mantenernos alerta
para la batalla: “Pelea la buena batalla por la fe verdadera. Aférrate a la
vida eterna a la que Dios te llamó y que confesaste tan bien delante de muchos
testigos. ”(1 Timoteo 6:12. Nueva Traducción Viviente)
Es
cierto, los problemas vendrán, pero si estamos asidos de la mano de Jesucristo,
prestos a enfrentar a nuestro adversario espiritual, vamos a vencer (Cf.
Santiago 4:7)
No
podemos confiarnos bajo ninguna circunstancia. Esa es la razón por la que el
cristiano no se puede desprender de la mano de Su Salvador, Jesucristo, y ni
tampoco dejar de pasar tiempo en Su Presencia en oración.
¡Dios
viene en rescate de los cautivos!
Nuestro
amado y poderoso Dios viene en rescate de los cautivos. No hay enfermedad,
problema económico, herida emocional o problema afectivo, que el Señor no pueda
resolver. Es cierto, Satanás desencadena enormes dificultades alrededor
nuestro, pero nuestro Poderoso Capitán, está presto a liberarnos si se lo
pedimos.
El
profeta Isaías escribió un pasado revelador que comparto con usted: “¿Quién
puede arrebatar el botín de las manos de un guerrero? ¿Quién puede exigirle a
un tirano que deje en libertad a sus cautivos? Pero el Señor dice: «Los
cautivos de los guerreros serán puestos en libertad, y se recuperará el botín
de los tiranos. Pues yo pelearé contra quienes peleen contigo, y salvaré a tus
hijos. Alimentaré a tus enemigos con su propia carne y se embriagarán con ríos
de su propia sangre. Todo el mundo sabrá que yo, el Señor, soy tu Salvador y tu
Redentor; el Poderoso de Israel».”(Isaías 49:24-26. Nueva Traducción Viviente)
Satanás
tiene a millares de personas cautivas en todo el mundo. Unos están en prisiones
de ruina, otros atrapados por la enfermedad, sin número golpeados por
dificultades matrimoniales y otros más por depresión. La lista de ataques de
nuestro adversario espiritual es muy larga.
¡Quien
nos saca de la cautividad es Dios mismo! Recuerde lo que dice el texto: “Los
cautivos de los guerreros serán puestos en libertad, y se recuperará el botín
de los tiranos...”.
Si
usted está en Cristo, la Redención y Salvación de Él sobre su vida, rompe las
cadenas en las que ha querido mantenerle Satanás. Recuerde que estamos
batallando contra un enemigo que está vencido pero que se resiste a esa realidad.
Sométase
a Dios y sea libre
El
mayor problema es que libraos las batallas en nuestras fuerzas y no le damos
lugar a Dios. Es lo que ocurría con Helena. Estaba acudiendo a todos los
métodos menos a Aquél que tiene la solución: nuestro amado Señor.
Las
Escrituras son claras cuando nos enseñan que Dios “Rescata a los que están
injustamente condenados a morir, sálvalos mientras van tambaleando hacia su
muerte.”(Proverbios 24:11. Nueva Traducción Viviente)
Sólo
nuestro amado Señor rompe las cadenas en las que quizá se encuentra atado. Dios
trae libertad y sanidad, tanto física como emocional. Vuélvase a Él, ejerza su
autoridad espiritual sobre el mundo de las tinieblas, y sea libre de toda
atadura. ¡Jesucristo nos hace libres!
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