No porque se lo hubiera dicho una vecina sino porque Leonor
misma pudo experimentarlo: extrañas sensaciones de ahogo y desesperación, e
incluso, dolores que los médicos no podían explicar, pese a las diferentes
pruebas de laboratorio.
Deyanira, la bruja de enfrente, la está alumbrando—le dijeron--. Ella está muy ofuscada con usted. Asegura que es arrogante y la mira por encima del hombro. Cuídese. Ella la odia y prometió vengarse. Es más—añadió en voz baja--: tiene un altar y junto a un velón, una prenda de vestir suya, que se ha robado del tendedero de su patio--.--No puedo creerlo--, repuso Leonor sin salir de su asombro.
--Lleva dieciséis días haciéndole este conjuro--, le explicó
la vecina.
--Casi el mismo tiempo que llevo con estas dolencias—admitió
la mujer.—Es imposible que alguien pueda obrar así--.
La angustia la embargó horas después, aunque persistían los
dolores corporales.
“¿Qué hacer cuando nos están haciendo brujería?”. Esa
pregunta le dio la vuelta a la cabeza una y otra vez.- Aun cuando estaba
desorientada, no dejaba de buscar posibles salidas al laberinto.
Una luz se encendió en lo profundo de su ser cuando decidió
dar la batalla en oración. Leonor se dio a la tarea de clamar no una vez sino
de manera persistente.
Progresivamente desaparecieron sus males. Las fortalezas de maldad se desmoronaron. Cayeron al suelo como un frágil castillo de arena en una playa apacible junto al mar.Libramos una batalla permanente.
Los cristianos enfrentamos una batalla permanente contra el
mundo de las tinieblas. Satanás no descansa en su propósito de agenciarnos
problemas. No obstante, quien procura nuestro mal, se convierte en blanco de
juicio porque Dios abomina “…los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos
que derraman sangre inocente, los que maquinan pensamientos inicuos, los pies
que corren presurosos al mal…” (Proverbios 6.18. RVR 95)
Para comenzar le diré que quien le ataca, ya está desencadenando consecuencias nefastas para sí mismo: ruina, derrota y maldición.Es en el poder de Jesucristo y no en nuestras fuerzas
como ganamos la
batalla
contra el mundo de las
tinieblas...
Es evidente que hay quienes quieren destruirnos y para lograr
su objetivo, acuden a las armas del ocultismo, invocando poder sobrenatural de
maldad.
¿Cómo reaccionar? No pagándoles a nuestros adversarios con la
misma moneda, sino por el contrario, orando y bendiciendo sus vidas. El Señor
Jesús instruyó: “…Amad a vuestros enemigos. Haced bien a los que os odian y
orad por los que os ultrajan y os persiguen.”(Mateo 5.44, RVR 95) Pareciera que, al bendecir a quienes buscan nuestra
destrucción física y espiritual, derribamos la corriente de maldad que alimenta
sus conjuros, hechizos y maleficios.
PELEE CON LAS FUERZAS DE DIOS
Como cristianos no debemos dar la batalla en nuestras fuerzas sino en el poder de Dios.El amado Señor Jesus enseño: “Os doy potestad de pisotear serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.”(Lucas 10:19, RVR 95).
No es una promesa del amado Salvador, sino una realidad. ¡Hay
poder de Dios en nuestras vidas! Él ya nos dio autoridad para vencer sobre el
mundo de las tinieblas. Como creyente, tenga conciencia de que hay un círculo
de protección divina alrededor suyo.
¿Lo están atacando con ocultismo? Es con oración ferviente
como derribamos los ataques de maldad. Nuestro Padre celestial nos compartió un
principio poderoso: “…No con ejército, ni con fuerza, sino Con mi espíritu, ha
dicho Jehová de los ejércitos.”(Zacarías 4:6. RVR)
Ejercicio de la autoridad en Cristo, oración y perseverancia.
Tres cimientos de victoria que debemos asumir en nuestra vida. No importa si lo
asedian con ritos y prácticas ocultistas. En clamor, derribamos esos ataques.
¡Usted está llamado a vencer en el poder de Dios! Recuérdelo
siempre: nuestro enemigo Satanás y todas sus huestes están vencidos. Toda
atadura de maldad se rompe cuando batallamos en oración.
Si tomó esta decisión, permítame felicitarlo. Es el paso más grande de todo ser humano, que asegura un presente de victoria y una eternidad con Cristo. Ahora tengo tres recomendaciones para usted:
1. Lea la Biblia. En este maravilloso libro aprenderá principios
que le llevarán al crecimiento personal y espiritual, que muchos asocian con la
verdadera perfección.
2. Haga de la oración un principio de vida. Orar es hablar
con Dios. No es otra cosa que mantener intimidad con nuestro Padre celestial,
gracias a la obra redentora del Señor Jesús.
3. Comience a congregarse en una iglesia cristiana. Ayudará
en su proceso de crecimiento personal y espiritual.
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