La notificación la recibió por correo. Una mañana en que salió a
recoger el diario. Se acercó con curiosidad al buzón y allí estaba el
llamamiento a incorporarse de nuevo al Ejército. Sonrió con satisfacción.
Sintió alegría de servir a su país. Algo normal para quien goza de una relativa
juventud, pero no para un hombre de 72 años...
Jesucristo, nuestro amado Salvador,
nos asegura la victoria como soldados, en
la lucha contra las tinieblas...
Allen Cliford --un veterano de la guerra-- volvió a las barracas de las
fuerzas armadas y junto con decenas de jóvenes norteamericanos, reinició la
rutina de levantarse a las cinco de la madrugada, ducharse con rapidez, preparar su uniforme y alistarse para
realizar los ejercicios del día. La única diferencia es que él no partiría al
Golfo Pérsico a combatir con los demás en la guerra contra Irák. Su oficio era
distinto, pero igualmente importante: realizar el mantenimiento de las armas.
Está siempre listo. Jamás olvida la necesidad de permanecer atento
a cualquier ataque del enemigo. Incluso, despierta varias veces en la noche, se
para junto a la ventana y mira el cielo poblado de estrellas. “Nunca se puede
confiar en el enemigo” suele advertir para enfatizar su disposición para la
guerra.
Siempre atentos... siempre en vela...
Una nota curiosa, sin duda. La hallé perdida entre otros tantos
anuncios de la prensa local. Pero lleva a reflexionar en la vida práctica del
cristiano. Cada día libramos nuevas batallas: contra los deseos de nuestra
carne, las reacciones inesperadas y las fluctuaciones del temperamento, el
desánimo, el temor y un sinnúmero de actitudes frente a la vida que nos pueden
llevar atrás en nuestro andar con el Señor Jesús.
Una actitud sensata es permanecer atentos, velando, en oración.
Listos para vencer frente a cualquier obstáculo o batalla que se levante en
nuestra existencia.
El Señor hizo la advertencia a un grupo de sus inmediatos
colaboradores, a quienes invitó a que le acompañaran en uno de los momentos más
cruciales de su ministerio, horas antes de ser entregado a sus verdugos
romanos. Y vino á sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo á Pedro: ¿Así
no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en
tentación: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma. (Mateo
26:40, 41).
Es necesario revisar nuestro desenvolvimiento cada día. Identificar
errores, determinar en qué área somos débiles y cuáles son los puntos de
fortaleza. Nunca dormir en los laureles. Siempre atentos, vigilantes, sin
olvidar que somos soldados de Jesucristo que no se dejan sorprender fácilmente
por Satanás y sus acechanzas...
Las Escrituras nos enseñan que, sometidos
a Dios, tenemos asegurada la victoria
en las batallas que libramos contra
el mundo de las tinieblas...
Nuestro enemigo es muy hábil
¿Por qué la necesidad de mantener alerta? Porque nuestro enemigo es
muy hábil.
Trasládese al escenario de un hombre en crisis. Su economía estaba
en el punto más bajo cuando tomó la decisión. Aun cuando tenía trabajo estable,
todos sus ingresos económicos se iban como agua. Inexplicablemente a los cinco
días de haber recibido pago, no tenía un peso en el bolsillo y debía comenzar a
pedir prestado a todos sus amigos. Muchos de ellos salían huyendo porque, al
acercárseles, sabían cuál era su propósito.
“Deberías ir donde el profesor que te aconsejo. Es muy bueno. A mí
me leyó las cartas y, tenía razón. Todo salió tal cual. Él es quien te sacara
de tu problema.” Escuchó la recomendación. Lo hizo con desespero. Empeñó
algunos electrodomésticos y fue en busca de la tan pretendida ayuda.
También necesitó dinero para comprar un fetiche que le vendió el
pretendido hechicero. Tan pronto asumió las prácticas que le recomendó, todo
fue de mal en peor. Si antes pasaba aprietos, ahora sí que no podía dar crédito
a la racha de dificultades.
Sólo cuando rindió su vida a Jesucristo todo cambio. Aprendió a
tener un manejo responsable de sus ingresos. Cada peso lo orientó para ponerse
al día con sus acreedores. Cambió la dirección de sus compromisos financieros.
Además, rompió todo pacto que hizo con el ocultismo.
El viejo engaño
Sorprende que en una sociedad minada de problemas como la que nos
rodea, los seres humanos vayan en procura de fetiches y toda suerte de
ofrecimientos del ocultismo, para resolver sus dificultades.
Antes que ir tras Dios que es quien tiene el poder ilimitado,
corren detrás de Satanás y sus ministros, que sólo saben engañar. A un pueblo
así, el profeta de la antigüedad les escribió: “Cuando Dios decida castigarlos
escóndanse entre las rocas, escóndanse en las cuevas, para que puedan escapar
de Dios y de su terrible poder. Cuando llegue ese día, la gente tomará sus
falsos dioses, esos ídolos de oro y plata que fabricaron con sus propias manos,
y los arrojarán a las ratas y a los murciélagos. Por eso, ¡dejen de confiaren
su propio poder, porque tarde o temprano todos van a morir!”(Isaías 2:19-22.
Versión: “La Biblia en Lenguaje Actual”).
Si usted ha hecho algún compromiso con lo oculto, hoy reciba a
Jesucristo como Señor de su vida y declare roto todo pacto. Por supuesto,
Satanás vende la idea de que es imposible, pero miente. Él sabe que ha perdido
la batalla porque Cristo la ganó en la cruz para usted. ¡Comience una nueva
vida depositando toda su confianza en el poder del Creador!.
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