intentó
hacerlo, pero no podía. Rodrigo limpió con el dorso de su mano el sudor que
perlaba su frente. Era una poderosa tentación. Finalmente guardó la revista
pornográfica en el escritorio. Salió a beberse un café tinto, en el negocio de
la esquina, pero media hora más tarde estaba, furtivamente, comprobando que sus
padres no estuvieran cerca. Abrió la gaveta y se sumergió con avidez en sus
páginas…
A
Luis José su esposa lo sorprendió viendo una película de tono obsceno. Eran
pasadas las doce de la noche. Él miró el cuarto y la vio durmiendo. Comprobando
que no había “moros en la costa”, encendió el DVD y se dispuso a ver el filme.
No era la primera vez que lo hacía, pero sí la primera vez que lo
sorprendieron. El incidente desencadenó un enfrentamiento de la pareja…
¿Ha
escuchado o conoce escenas así? Probablemente usted ha experimentado esta
situación. Y, como los dos protagonistas de Las historias, no quiera aceptar
que se encuentra bajo ataduras sexuales.
Recuerde
que comienza como un hecho de curiosidad pero termina por tornarse en un hábito
del que es muy difícil salir.
La
inmoralidad sexual comienza con la mirada
Hay
quienes creen que la inmoralidad sexual se materializa en la cama. ¡Tremendo
error! Comienza en la mente, en nuestro corazón. Una mirada basta. ¿Le parece
exagerado? Pues permítame le comparto algo que enseñó el Señor Jesús:
“Han
oído el mandamiento que dice: “No cometas adulterio” Pero yo digo que el que mira con pasión
sexual a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en el corazón.”(Mateo
5:27, 28. Nueva Traducción Viviente)
¿Se
da cuenta? El asunto es delicado. Delante de Dios mirar una mujer con lascivia,
solazarse en películas pornográficas o quizá imágenes obscenas, rayan en la
frontera de la inmoralidad, y si incurre en ese comportamiento, lo más probable
es que termine bajo una atadura sexual
Tenga
presente que hay por lo menos tres caminos que conducen a las ataduras
sexuales: La promiscuidad sexual. Participar en actividades que estimulan la
lujuria; alimenta pensamientos e inclinaciones hacia la homosexualidad, y el
hostigamiento o abuso sexual en la infancia.
Quien
alimenta esas ataduras, es el propio Satanás quien gobierna este mundo como
consecuencia del pecado. Él sabe que sin una persona incurre en inmoralidad,
pronto quedará amarrado a un vicio y no podrá escapar de sus redes (Cf. Juan
12:31; 14:30; 16:11; Efesios 2:2; 1 Juan 5:19)
El
sexo ilícito es la puerta más fácil para quedar atrapado en ataduras. La
promiscuidad, el adulterio y la fornicación, son entre otras, semillas que
siembra el enemigo en nuestra mente.
No
crea las mentiras de las tinieblas
Si
usted se encuentra bajo esa atadura, no le crea a Satanás y sus huestes cuando
le dicen que no podrá salir de estas redes. “Es difícil escapar”, le repetirá
una y otra vez.
Quien
se encuentra atado, generalmente rechaza la ayuda (Juan 3:20, 21) Niega estar
bajo ataduras. ¿La razón? Satanás gobierna este mundo por el pecado y no quiere
que quienes están bajo ataduras, sean libres. Piénselo cuidadosamente,
porque Satanás no quiere que el
cristiano conozca su identidad en Jesús y la autoridad que puede ejercer en
Cristo
Las
ataduras sexuales se transforman, con el paso del tiempo, en fortalezas
mentales, como lo describe el apóstol Pablo:
No
tiene sentido que siga en ataduras
que
pueden llevarlo a la condenación
eterna,
cuando el Señor Jesús le ofrece
liberación
de la inmoralidad sexual...
“Con
la autoridad del Señor digo lo siguiente: ya no vivan como los que no conocen a
Dios, porque ellos están
irremediablemente confundidos. Tienen la
mente llena de oscuridad; vagan lejos de la vida que Dios ofrece, porque
cerraron la mente y endurecieron el corazón hacia él. Han perdido la vergüenza. Viven para los
placeres sensuales y practican con gusto toda clase de impureza.”(Efesios
4:17-19. Nueva Traducción Viviente)
¿Qué
hace libre a una persona de las ataduras sexuales? Que reconozca que, como hijo
de Dios—gracias a la obra del Señor Jesús en la cruz—ahora tiene autoridad para
vencer sobre las tinieblas, y por tanto, sobre sus redes.
El
propio apóstol, escribiendo a los creyentes de Éfeso donde imperaban dioses
paganos y satánicos que exaltaban la lujuria, escribió: “Vivían en pecado,
igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes
del mundo invisible —, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que
se niegan a obedecer a Dios.”(Efesios 2:2. Nueva Traducción Viviente)
El
término vivían, alude a tiempo pasado. ¡Sí podemos ser libres! Cristo rompe las
cadenas. No hay razón para que viva bajo ataduras sexuales. Una puerta de
libertad se abre frente a usted.
Jesucristo
compró nuestra libertad
Es
probable que se sienta impotente para salir de las redes que lo tienen
atrapado; sin embargo, Jesucristo puede hacerlo. El primer paso y fundamental,
es que le permita al Señor ocupar un lugar en su corazón. Recibirlo como su
Dueño y Salvador. Él rompe nuestras cadenas, cualesquiera que éstas sean, como
lo describe el profeta:
“¿Quién
puede arrebatar el botín de las manos de un guerrero? ¿Quién puede exigirle a
un tirano que deje en libertad a sus cautivos? Pero el Señor dice: «Los
cautivos de los guerreros serán puestos en libertad, y se recuperará el botín
de los tiranos. Pues yo pelearé contra quienes peleen contigo, y salvaré a tus
hijos. Alimentaré a tus enemigos con su propia carne y se embriagarán con ríos
de su propia sangre. Todo el mundo sabrá que yo, el Señor, soy tu Salvador y tu
Redentor; el Poderoso de Israel».”(Isaías 49:24-26. Nueva Traducción Viviente)
Antes,
cuando estábamos distanciados del Dios, el enemigo espiritual—Satanás—podía
ufanarse de que estuviéramos bajo su atadura. Sin embargo, ahora el panorama es
distinto porque en la cruz, nuestro Señor Jesús compró nuestra libertad, como
enseña el apóstol Pablo:
“Pues
él nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo
amado, quien compró nuestra libertad y
perdonó nuestros pecados.”(Colosenses 1:13, 14. Nueva Traducción Viviente)
Una
maravillosa descripción de los pasos que se requieren para disfrutar una
libertad plena, la hace el autor y conferencista, Neil T. Anderson: “El primer
paso en la recuperación de alguien que se encuentra en esclavitud sexual es
salir de las tinieblas del escondite, y darle la cara a la verdad de la luz… la
esclavitud al sexo es lo más fácil para ocultar… no hay indicios obvios de la
esclavitud sexual… puede permanecer como una pesadilla privada para toda la
vida a menos que se traiga a la luz y se trate” (Neil T. Anderson. “Una vía de
escape”. Editorial Unilit. Estados Unidos. 2010. Pg. 66)
Ríndale
su vida a Cristo Jesús. En oración, confiese el tipo de atadura sexual bajo la
que se encuentra. ¡Hoy es el día! No dilate ese paso, porque puedo asegurarle,
está perdiendo la posibilidad de disfrutar la vida plena, sin que nada le
amarre al pecado, a hábitos de los que considera no puede escapar y que usted
mismo ha comprobado, en nuestras fuerzas es supremamente difícil abandonar.
Satanás
tratará de hacer creer que es imposible alcanzar la libertad, pero ¡No le crea
sus mentiras! Satanás olvida que el Señor Jesús lo venció en la cruz y nos
llama a libertad plena.
Hoy
es el día para emprender una nueva vida. Ábrale las puertas de su corazón a
Jesucristo. Puedo asegurarle que, tomados de Su mano, no habrá ninguna atadura
que nos mantenga sumidos. ¡Jesús el Señor nos hace libres! Ábrale las puertas
de su corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario