sábado, 31 de octubre de 2015

Cristo liberta de las ataduras sexuales

intentó hacerlo, pero no podía. Rodrigo limpió con el dorso de su mano el sudor que perlaba su frente. Era una poderosa tentación. Finalmente guardó la revista pornográfica en el escritorio. Salió a beberse un café tinto, en el negocio de la esquina, pero media hora más tarde estaba, furtivamente, comprobando que sus padres no estuvieran cerca. Abrió la gaveta y se sumergió con avidez en sus páginas…

A Luis José su esposa lo sorprendió viendo una película de tono obsceno. Eran pasadas las doce de la noche. Él miró el cuarto y la vio durmiendo. Comprobando que no había “moros en la costa”, encendió el DVD y se dispuso a ver el filme. No era la primera vez que lo hacía, pero sí la primera vez que lo sorprendieron. El incidente desencadenó un enfrentamiento de la pareja…

¿Ha escuchado o conoce escenas así? Probablemente usted ha experimentado esta situación. Y, como los dos protagonistas de Las historias, no quiera aceptar que se encuentra bajo ataduras sexuales.

Recuerde que comienza como un hecho de curiosidad pero termina por tornarse en un hábito del que es muy difícil salir.


La inmoralidad sexual comienza con la mirada


Hay quienes creen que la inmoralidad sexual se materializa en la cama. ¡Tremendo error! Comienza en la mente, en nuestro corazón. Una mirada basta. ¿Le parece exagerado? Pues permítame le comparto algo que enseñó el Señor Jesús:




“Han oído el mandamiento que dice: “No cometas adulterio”  Pero yo digo que el que mira con pasión sexual a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en el corazón.”(Mateo 5:27, 28. Nueva Traducción Viviente)

¿Se da cuenta? El asunto es delicado. Delante de Dios mirar una mujer con lascivia, solazarse en películas pornográficas o quizá imágenes obscenas, rayan en la frontera de la inmoralidad, y si incurre en ese comportamiento, lo más probable es que termine bajo una atadura sexual
Tenga presente que hay por lo menos tres caminos que conducen a las ataduras sexuales: La promiscuidad sexual. Participar en actividades que estimulan la lujuria; alimenta pensamientos e inclinaciones hacia la homosexualidad, y el hostigamiento o abuso sexual en la infancia.
Quien alimenta esas ataduras, es el propio Satanás quien gobierna este mundo como consecuencia del pecado. Él sabe que sin una persona incurre en inmoralidad, pronto quedará amarrado a un vicio y no podrá escapar de sus redes (Cf. Juan 12:31; 14:30; 16:11; Efesios 2:2; 1 Juan 5:19)

El sexo ilícito es la puerta más fácil para quedar atrapado en ataduras. La promiscuidad, el adulterio y la fornicación, son entre otras, semillas que siembra el enemigo en nuestra mente.


No crea las mentiras de las tinieblas

Si usted se encuentra bajo esa atadura, no le crea a Satanás y sus huestes cuando le dicen que no podrá salir de estas redes. “Es difícil escapar”, le repetirá una y otra vez.


Quien se encuentra atado, generalmente rechaza la ayuda (Juan 3:20, 21) Niega estar bajo ataduras. ¿La razón? Satanás gobierna este mundo por el pecado y no quiere que quienes están bajo ataduras, sean libres. Piénselo cuidadosamente, porque  Satanás no quiere que el cristiano conozca su identidad en Jesús y la autoridad que puede ejercer en Cristo

Las ataduras sexuales se transforman, con el paso del tiempo, en fortalezas mentales, como lo describe el apóstol Pablo:


No tiene sentido que siga en ataduras

que pueden llevarlo a la condenación

eterna, cuando el Señor Jesús le ofrece

liberación de la inmoralidad sexual...


“Con la autoridad del Señor digo lo siguiente: ya no vivan como los que no conocen a Dios,  porque ellos están irremediablemente confundidos.  Tienen la mente llena de oscuridad; vagan lejos de la vida que Dios ofrece, porque cerraron la mente y endurecieron el corazón hacia él.  Han perdido la vergüenza. Viven para los placeres sensuales y practican con gusto toda clase de impureza.”(Efesios 4:17-19. Nueva Traducción Viviente)

¿Qué hace libre a una persona de las ataduras sexuales? Que reconozca que, como hijo de Dios—gracias a la obra del Señor Jesús en la cruz—ahora tiene autoridad para vencer sobre las tinieblas, y por tanto, sobre sus redes.


El propio apóstol, escribiendo a los creyentes de Éfeso donde imperaban dioses paganos y satánicos que exaltaban la lujuria, escribió: “Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible —, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios.”(Efesios 2:2. Nueva Traducción Viviente)

El término vivían, alude a tiempo pasado. ¡Sí podemos ser libres! Cristo rompe las cadenas. No hay razón para que viva bajo ataduras sexuales. Una puerta de libertad se abre frente a usted.

Jesucristo compró nuestra libertad


Es probable que se sienta impotente para salir de las redes que lo tienen atrapado; sin embargo, Jesucristo puede hacerlo. El primer paso y fundamental, es que le permita al Señor ocupar un lugar en su corazón. Recibirlo como su Dueño y Salvador. Él rompe nuestras cadenas, cualesquiera que éstas sean, como lo describe el profeta:


“¿Quién puede arrebatar el botín de las manos de un guerrero? ¿Quién puede exigirle a un tirano que deje en libertad a sus cautivos? Pero el Señor dice: «Los cautivos de los guerreros serán puestos en libertad, y se recuperará el botín de los tiranos. Pues yo pelearé contra quienes peleen contigo, y salvaré a tus hijos. Alimentaré a tus enemigos con su propia carne y se embriagarán con ríos de su propia sangre. Todo el mundo sabrá que yo, el Señor, soy tu Salvador y tu Redentor; el Poderoso de Israel».”(Isaías 49:24-26. Nueva Traducción Viviente)


Antes, cuando estábamos distanciados del Dios, el enemigo espiritual—Satanás—podía ufanarse de que estuviéramos bajo su atadura. Sin embargo, ahora el panorama es distinto porque en la cruz, nuestro Señor Jesús compró nuestra libertad, como enseña el apóstol Pablo:


“Pues él nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo amado, quien compró nuestra libertad  y perdonó nuestros pecados.”(Colosenses 1:13, 14. Nueva Traducción Viviente)


Una maravillosa descripción de los pasos que se requieren para disfrutar una libertad plena, la hace el autor y conferencista, Neil T. Anderson: “El primer paso en la recuperación de alguien que se encuentra en esclavitud sexual es salir de las tinieblas del escondite, y darle la cara a la verdad de la luz… la esclavitud al sexo es lo más fácil para ocultar… no hay indicios obvios de la esclavitud sexual… puede permanecer como una pesadilla privada para toda la vida a menos que se traiga a la luz y se trate” (Neil T. Anderson. “Una vía de escape”. Editorial Unilit. Estados Unidos. 2010. Pg. 66)

Ríndale su vida a Cristo Jesús. En oración, confiese el tipo de atadura sexual bajo la que se encuentra. ¡Hoy es el día! No dilate ese paso, porque puedo asegurarle, está perdiendo la posibilidad de disfrutar la vida plena, sin que nada le amarre al pecado, a hábitos de los que considera no puede escapar y que usted mismo ha comprobado, en nuestras fuerzas es supremamente difícil abandonar.

Satanás tratará de hacer creer que es imposible alcanzar la libertad, pero ¡No le crea sus mentiras! Satanás olvida que el Señor Jesús lo venció en la cruz y nos llama a libertad plena.

Hoy es el día para emprender una nueva vida. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo. Puedo asegurarle que, tomados de Su mano, no habrá ninguna atadura que nos mantenga sumidos. ¡Jesús el Señor nos hace libres! Ábrale las puertas de su corazón.





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