Fue
concebido para ser un campeón. No, no se equivoque: Brimin Kipruto no nació en
cuna de oro, por el contrario, es de origen muy humilde. Su familia residía en
una choza casi rodeada de miseria en Korkitony, Kenia. Y el llanto que inundó
el lugar el 31 de julio de 1985 anticipaba que una nueva criatura enfrentaría
la adversidad, en medio de la carencia económica, la distancia que le separaba
del centro educativo más cercano y las escasas posibilidades de ser atendido en
un hospital, en caso de que enfermara.
Como
este gran atleta internacional,
al
que nos referimos en el Estudio
de
hoy, el guerrero espiritual
debe
aprender a superar
obstáculos...
Sin
embargo, Brimin se sobrepuso a la adversidad, y aun cuando numerosos obstáculos
emergieron en su carrera hacia el éxito, hoy reúne en su vida muchos triunfos,
incluso en Juegos Olímpicos donde se coronó ganador en las carreras de 3.000
metros.
Podríamos
mencionar los Juegos Olímpicos de Londres, Atenas y Pekín así como Campeonatos
Mundiales Juveniles. Sus tiempos son inigualables. Cada vez cubra la distancia
que lo separa de la meta en menos segundos que en la ocasión anterior. ¡Se
especializó en superar obstáculos y no hay quien lo iguale!
Los
ganadores no nacen como tales, se hacen. Es cierto, llevan dentro las
potencialidades para ser triunfadores, las mismas que Dios colocó en usted y en
mí antes que fuéramos creados (Cf. Salmo 139), pero es necesario desarrollar
esos dones y talentos. Es un proceso en el que avanzamos tomados de la mano del
Señor Jesús.
Y
ese esquema de formación y crecimiento hasta llegar a nuevos niveles, también
aplica a los hombres y mujeres que se mueven en la dimensión del poder de Dios,
llegando siempre a nuevos niveles. Y más aún, es esencial para quienes son
guerreros espirituales contra el mundo de las tinieblas.
Comparto
con usted cuatro fundamentos que le ayudarán en ese proceso formativo tanto en
lo personal como en lo espiritual, de cara a ser un poderoso instrumento en
manos del Señor.
1.
Una disciplina de oración
Un
hombre o una mujer que se mueven en la dimensión del poder de Dios, ministrando
liberación a los endemoniados y sanidad a los enfermos, hace de la oración un principio de vida. Es cierto que nuestro
amado Salvador nos entregó toda autoridad sobre el mundo de las tinieblas (Cf.
Lucas 10:18, 19), pero no podemos—bajo ninguna circunstancia—desprendernos de
Su mano poderosa. Una forma de estar unidos a Él es en oración.
En
la dinámica de nuestro amado Salvador aprendemos este principio. A pesar de que
sus jornadas de trabajo eran intensas, pasar tiempo en la Presencia del Padre
celestial constituía una prioridad en su existencia.
El
Evangelista Marcos relata que “Inmediatamente después, Jesús insistió en que
sus discípulos regresaran a la barca y comenzaran a cruzar el lago hacia
Betsaida mientras él enviaba a la gente a casa. Después de despedirse de la
gente, subió a las colinas para orar a solas.”(Marcos 6:45, 46. Nueva
Traducción Viviente)
Soledad,
oración, intimidad con Dios. Tres elementos que nos permiten movernos en la
dimensión del poder de lo Alto. ¿Cómo pretendemos ser ministros eficaces del
Evangelio si no apartamos tiempo para la oración?
2.
Disposición para enfrentar obstáculos
No
podemos concebir
la
vida de un guerrero
espiritual
que no pase tiempo
en
oración delante
del
Señor Jesús...
Un
atleta se forma precisamente para enfrentar obstáculos. Sabe que, si desea
llegar a la meta, es previsible que salgan al paso inconvenientes. ¿Esto lo
amilana? En absoluto. Él es formado para salir airoso, no importa cuántos
imprevistos encuentre en su ruta al éxito. Lo que llama poderosamente la
atención es que muchos de los guerreros espirituales, los hombres y mujeres que
fueron llamados a batallar contra el mundo de las tinieblas en oración y
acción, con frecuencia se dan por vencidos ante los primeros inconvenientes.
--Lo
siento, yo no fui llamada para esto--, me dijo una joven mujer que formaba
parte del grupo de oración de su iglesia--. Alboroté avisperos porque Satanás está
enojado. Mejor me dedico a otra cosa--, se lamentó.
Afortunadamente
aceptó el consejo y volvió, con denodadas fuerzas, a su batallar espiritual.
¡Reconoció que Jesucristo es su capitán y que está llamada a la victoria!
Cuando
el Señor Jesús se apartó a orar hasta bien entrada la noche, y los discípulos
transitaba el lago, se levantó un mal tiempo del que no tenían memoria. “Muy
tarde esa misma noche, los discípulos estaban en la barca en medio del lago y
Jesús estaba en tierra, solo. Jesús vio
que ellos se encontraban en serios problemas, pues remaban con mucha fuerza y
luchaban contra el viento y las olas. A eso de las tres de la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el
agua. Su intención era pasarlos de largo…”(Marcos 6:47, 48. Nueva Traducción
Viviente)
¿Quién
dijo que un siervo de Dios no iba a enfrentar problemas? Si eso fue lo que le
enseñaron durante su proceso de formación como discípulo, permítame decirle que
le faltó leer la letra pequeña, como en los contratos.
¿A
qué me refiero? A que el Señor Jesús lo advirtió claramente cuando dijo a sus
discípulos: “Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando ustedes
serán dispersados, cada uno se irá por su lado y me dejarán solo. Sin embargo,
no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el
mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido
al mundo.”(Juan 16:32, 33. Nueva Traducción Viviente)
Y
le invito a recordar también que fue el mismo Jesús quien instruyó a sus
discípulos y a nosotros hoy, a moverse con cautela y preparados siempre, como
corderos en medio de lobos (Cf. Lucas 10:3)
3.
Confiar que Dios está presto a ayudarnos
En
nuestro ministerio cristiano jamás estamos solos. Jesucristo, nuestro poderoso
capitán, está pendiente de nosotros. Nunca nos abandona. Está dispuestos a
salir al paso en cualquier dificultad que enfrentemos, si tan solo confiamos y
procuramos Su poder y ayuda.
Cuando
vamos al relato encontramos que Jesús no solo les vio enfrentar esa dificultad,
sino que –además--, fue en su ayuda. ¿Por qué pretendía pasar de largo? Para
comprobar, de un lado si ellos habían desarrollado la sensibilidad espiritual
para reconocerlo, y segundo, para corroborar el grado de confianza y fe que
tenían.
El
pasaje enseña que “…pero cuando los discípulos lo vieron caminar sobre el agua,
gritaron de terror pues pensaron que era un fantasma. Todos quedaron aterrados
al verlo. Pero Jesús les habló de inmediato: «¡Tengan ánimo! ¡Yo estoy
aquí! ¡No tengan miedo!.”(Marcos 6:49,
50. Nueva Traducción Viviente)
Es
necesario que pasemos tiempo en la presencia del Señor. Si lo hacemos, si
desarrollamos intimidad con Él en oración, sin duda sabremos reconocerlo cuando
atravesamos momentos difíciles. Intimidad con Dios, recuérdelo siempre; ese es
un secreto de los guerreros espirituales.
4.
Permitir que Jesús el Señor tome el control
Hay
momentos en los que, pese a nuestra solidez espiritual, nos encontramos
limitados. ¡Cuidado con la autosuficiencia! Jesucristo es nuestro capitán y no
está mal que le digamos: “Señor, en este caso particular no sé qué hacer o qué
camino tomar”.
Es
una forma de depender de Dios. Y cuando Él toma el control de cualquier
situación, por difícil que parezca, todo vuelve a la calma. Es un principio que
todo guerrero espiritual debe aprender, tomando como base la historia de Marcos
capítulo 6.
El
texto dice que “Entonces subió a la barca, y el viento se detuvo.”(Marcos 6:51.
Nueva Traducción Viviente)
No
siga luchando en sus fuerzas. Permíta que Jesucristo gobierne su vida y el
ministerio que ha depositado en sus manos para desarrollarlo. Él es quien debe
gobernar todos nuestros pasos. Nos asegura la victoria. Fe y dependencia, son
las dos palabras claves.
Usted
fue llamado a desarrollar un trabajo grande para el Rey de reyes. Traer
libertad a los cautivos, sanidad a los enfermos y romper las vendas que le
impiden a millares de personas conocer el mensaje transformador del Evangelio.
Si
depende de Dios en oración y camina con Él de acuerdo con Su santa voluntad,
puedo asegurarle que será un guerrero espiritual eficaz.
A
propósito, ¿es usted nuevo en estos temas?¿Pareciera que le estoy hablando en
un idioma desconocido? Pues el primer paso que debe dar, porque lo necesita, es
recibir a Jesucristo en su corazón como su único y suficiente Salvador. Es la
mejor decisión que jamás pueda tomar una persona. Nos permite emprender el
maravilloso y apasionate camino de crecimiento personal y espiritual. Reciba a
Cristo Jesús en su corazón. No se arrepentirá.
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